Mi mejor amiga me regaló un perfume caro: Días después, olí ese mismo aroma en el lugar más inesperado.
Para mi cumpleaños, mi mejor amiga me dio una fragancia exclusiva, hecha a medida, que según ella solo teníamos nosotras dos en la ciudad. "Es nuestro sello de amistad", me dijo. Confiaba ciegamente en ella. Una semana después, mi esposo llegó tarde del trabajo diciendo que estuvo en una reunión agotadora. Al abrazarlo, mi corazón se detuvo.
Su chaqueta estaba impregnada de ese aroma único. No era olor a oficina, era el sello de mi amiga. En lugar de gritar, revisé las cámaras de seguridad de nuestra casa de campo y los encontré juntos. Ella no me regaló un perfume por afecto, lo hizo para que yo me acostumbrara al olor y no sospechara cuando él volviera de estar con ella. Su plan era astuto, pero su arrogancia la delató.
Reflexión: A veces los regalos esconden intenciones oscuras. La traición siempre deja un rastro, y a menudo es uno que tú misma llevas puesto.

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