Mi jefe me reemplazó por una joven con menos experiencia solo por mi edad: El día de la junta de accionistas supe quién era el último en reír.
Entregué 20 años de mi vida a esa corporación. Conocía cada archivo y cada cliente. Sin previo aviso, mi jefe me llamó a su oficina para decirme que "necesitaban una imagen más fresca" y me reemplazó por una modelo que no sabía ni abrir un balance general. Me liquidaron con lo mínimo y me humillaron pidiéndome que la entrenara antes de irme. Lo hice en silencio, sin quejarme.
Tres meses después, la empresa fue citada a una junta de accionistas urgente por una crisis de gestión. Mi antiguo jefe entró a la sala con su actitud prepotente, pero se quedó mudo al ver quién presidía la mesa. Durante mis años de "invisible", usé mis ahorros y bonos para comprar acciones de la competencia que terminó absorbiendo a su empresa. Yo no era una empleada vieja, era su nueva dueña. Lo primero que hice fue firmar su carta de despido por falta de ética profesional.
Reflexión: Nunca subestimes a quien conoce tus secretos y tus debilidades. La experiencia es un grado que la soberbia no puede comprar.

Comentarios
Publicar un comentario